Christina Courtenay
Un matrimonio de conveniencia o el amor de su vida? Corre el año 1732 en Gotemburgo, Suecia, y Jess Van Sandt sabe muy bien que el suyo es un mundo de hombres. Convencida de que su padrastro le está escamoteando la herencia que es suya por derecho, se decide a impedirlo. Y la solución se presenta en forma de un escocés muy atractivo, Killian Kinross, que ha sido él mismo desheredado por su abuelo. Jess se siente intrigada y enfurecida por el joven a partes iguales. En un intento de recuperar su fortuna, le propone un matrimonio de conveniencia. En ese momento, a Killian le ofrecen la oportunidad de su vida: participar en una expedición de la Compañía Sueca de las Indias Orientales, y está decidido a que nada ni nadie, ni siquiera su nueva novia, se interpongan en su camino. Zarpa rumbo al Lejano Oriente, convencido de que deja atrás sus sentimientos y su pasado. Sin embargo, el viaje acaba por no salir como esperaba…
Opinión personal
Vientos alisios tiene su toque original propio, dentro de los tópicos de este género que solemos encontrar, sobre todo el viaje que emprenden nuestros protagonista que los hará viajar hasta la India y vivir toda una aventura.
Jess Van, es una joven con personalidad, que no se deja amedrentar por la época que le ha tocado vivir, sabe que una mujer no tiene voz ni voto y está a expensas a lo que cualquier hombre decida por ella, en este caso su padrastro, al cual no soporta e intuye que está lapidando su dote con otros fines. Ha estado alejada en el campo durante un año, porque así lo decidió su padrastro, y ahora ha vuelto y está dispuesta de llegar hasta el final para descubrir que le oculta y porque no le parece bien ningún pretendiente. No cuenta con la ayuda de nadie, puesto que no la creerían, incluso su madre está sumergida en la crianza de sus dos hermanos pequeños que le ocupan todo el tiempo y no se da cuenta de nada. Por eso cuando se cruza en su camino el atractivo Killian Kinross, ve en él la única solución para desenmascarar a su padrastro .


––Ahora debes irte, Killian ––dijo.
––¿Qué? ––respondió él. Estaba adormilado y se sentía feliz. Ella casi podía sentir la sonrisa de satisfacción en su voz. Había ganado la partida. Solo por una vez se prometió ella.
––He dicho que tienes que volver a tú habitación ––dijo ella––. Ya hemos terminado. Nuestro matrimonio ya es legal a todos los efectos, así que no hay ninguna necesidad de que te quedes aquí.
Killian frunció el ceño.
––¿No te gustaría repetir? ––preguntó––. Siempre mejora con la práctica ¿sabes?
El joven cercó su mano y le tocó el pecho, pero ella lo apartó, a pesar del placer que esa simple caricia le había proporcionado.
––No, no me ha gustado y no quiero hacerlo más ––le espetó ella––. Dijiste que una vez era suficiente. Si no te vas ahora mismo, gritaré.
Killian se incorporó y la miró fijamente.
––Eso de que no te ha gustado no te lo crees ni tú ––dijo––. Estás mintiendo.
