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26 jun 2016

Reseña | Maldad latente


Ficha
La espera ha sido larga pero ha merecido la pena. Sandra Brown a vuelto, y lo hace a lo grande, con una historia que atrapa desde la primera página y no puedes soltarla hasta el final. Para mí es única a la hora de mezclar suspense, thriller y romance, ya me conquistó con sus anteriores historias y con esta lo ha vuelto hacer. Es una de mis autoras imprescindibles para leer y ojalá no vuelvan a tardar en publicar algo nuevo de ella.

Emory, es una reputada doctora de pediatría abalada por todos sus colegas y pacientes. Su gran pasión a parte de su trabajo, es su hobby, ya que es corredora de maratón y dedica mucho tiempo a ello apoyando causas sociales para reunir dinero para lo más necesitados. La relación con su marido no pasa por un buen momento y una reciente pelea es el detonante para que decida tomarse un fin de semana en las montañas de Carolina del Norte y entrenar sola en un lugar inhóspito y alejado de todo. Pero lo que debería a ver sido un fin de semana para desconectar y pensar hacia donde va su matrimonio, se volverá una pesadilla, ya que Emory desaparece sin dejar rastro alguno. Desorientada y con un fuerte golpe en la cabeza, Emory despierta en una cabaña en medio de la nada junto a un desconocido, aislada de todo y sin poder pedir ayuda, de pronto se da cuenta que la única persona que podría ayudarla es este hombre misterioso y aparentemente peligroso que se niega ni tan siquiera a decirle su nombre. El miedo y la desconfianza que le da, hará que Emory intente escapar, pero en vista que todo se vuelve en su contra, se encontrará conviviendo con él a la fuerza, y eso la llevará a ir adentrándose y conociéndolo hasta tal punto, que sus propios sentimientos hacia él se volverán contradictorios y lo que en un primer momento la aterrorizaba, pasará a descubrir, que quizá junto a él en donde estará más seguro.

––¿No se siente solo?
¿Era su imaginación, o el volumen y el tono de ella habían bajado?
––A veces.
–¿Y qué hace entonces?

No, no era su imaginación. En la voz de ella vibraba un íntimo trasfondo. Era roca, como si hubiera bebido el whisky y este le hubiera quemado la garganta. Apartó las manos del grifo y lentamente se volvió. Ella se había acercado a la mesa del comedor, donde permanecía como esperando una señal de él para saber qué debía hacer a continuación.
––No creo que se refiera a la soledad en general, ¿verdad doc?
Ella se encogió de hombros en un gesto que podía significar cualquier cosa.
––¿Me está preguntando si echo de menos a una mujer?
––¿la echa de menos?
––A menudo.
¿Y qué hace?
––Voy a por una.
Su franca respuesta tuvo el efecto deseado. Emory se quedó estupefacta.
––¿Igual que fue a por mí?
––No. usted fue diferente. Fue un halagado casual.